ESCALANDO EL MURO DEL ORGULLO - Inspira
16241
post-template-default,single,single-post,postid-16241,single-format-standard,ajax_fade,page_not_loaded,,vertical_menu_enabled,qode-title-hidden,qode_grid_1300,side_area_uncovered_from_content,qode-content-sidebar-responsive,qode-theme-ver-10.1.1,wpb-js-composer js-comp-ver-5.0.1,vc_responsive

ESCALANDO EL MURO DEL ORGULLO

Era una tarde perfecta, estábamos felices compartiendo alrededor de la mesa. Nada podría ir mal. De repente un comentario seguido de un gesto cambio todo, me dolió en el corazón, que estaba adormecido por la buena comida y la comodidad de la vida.

La espuma fue subiendo poco a poco a mi cabeza, y aunque hice mis ejercicios de respiración que con tanto empeño había aprendido, nada pudo detener mi necesidad de exponer mi profunda frustración. Elevé la voz, el también la elevó. Le reclamé y me reclamó. Ya no había vuelta atrás, todos nos miraban sin cesar. La tarde perfecta se convirtió en una amarga noche llena de lágrimas, pensamientos oscuros y dolor, ese que no me había atrevido a ver porque pensé que había sido causado por los demás. Lo que no sabía, era es que el látigo que tanto me dolía, estaba en mis propias manos y yo, seguía usándolo con tanta frecuencia que mi corazón se había acostumbrado.

De repente me vi a mi misma en absoluta soledad, mirando al techo y pensando en mil formas de sentirme mejor, al tiempo que podría tomar venganza de quién me ofendió. Estaba ahí, tirada en una cama, oprimiendo la herida que tanto me dolía. Luego de horas de cansancio y de preguntarle a Dios el porqué, pude escuchar el suave sonido del silencio donde Él, con amor y firmeza suele hablarnos.

La humildad es dolorosa, la humildad te baja del trono, la humildad se trata de todo, menos de hacer lo que te hace sentir bien. La humildad te empuja al rincón más profundo, donde el fuerte ruido del ego no puede salvarte. La humildad te despoja muchas veces de tus propios anhelos y le dice a Dios: Señor, sin ti no soy nada, y aunque mi corazón esté dolido, se que no quemaré el puente del perdón y la gracia que me llevan hacia ti. Ese puente se llama amor, se llama compasión, se llama sanidad…se llama Jesús.

 

Nos veremos contínuamente ante la vida tratando de tener la razón, tratando de vengarnos pero, alguien alguna vez me enseñó que a veces es mejor mantener la relación que tener la razón, sobre todo cuando se trata de nuestra familia. Es fácil ser amable con tu jefe, tus compañeros de trabajo y tus clientes, pero, el primer lugar donde Dios desea que expandas tu humildad es justamente ese, tu propio hogar.

No hay comentarios

Post A Comment

14 + = 16