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UN CORAZON CONTENTO

El contentamiento es uno de los tesoros más preciosos que podemos experimentar como mujeres. El contentamiento es producto de la satisfacción que sentimos con quienes somos, donde estamos y lo que tenemos. No es falta de ambición, es más bien plenitud con el presente que Dios nos ha regalado.

Por años padecí de dos enfermedades que son muy dañinas para el corazón de una mujer: La ansiedad y el orgullo, aún me encuentro en tratamiento, pero cada día Dios en su amor infinito me deja ver esas partes que necesitan repararse. He encontrado muchas verdades, entre ellas la más reveladora: El orgullo y la ansiedad tienen algo en común: El sentido de insatisfacción. El orgullo por un lado nos hace creer que no es suficiente el salario que tenemos, la casa en la que vivimos, el rol que nos ha sido dado. Queremos más, merecemos más. Jamás estamos conformes. ¿Qué más necesitas para ser feliz? – Sólo un poco más. La ansiedad por otro lado, nos dice ¿qué tal que se acabe? ¿Qué tal que no lo logres? ¿Qué tal que……? Así que te roba la capacidad de disfrutar tu presente porque tiene tu mirada fija en el futuro incierto y para algunas catastrófico.

No digo que tener sueños y querer el progreso sea malo, lo malo es renegar de lo que tenemos, olvidar el presente que nos ha sido dado, subestimar las personas que nos rodean. El orgullo dañino usualmente nos grita “puedes con más” y entonces nos vemos envueltas en una cantidad abrumadora de compromisos que nos ahogan diariamente con tal de demostrar que si podemos. ¿Quién dijo eso? Si, podemos, pero no con todo. Si, podemos, pero no en nuestra fuerza. Si, podemos, pero no todo al mismo tiempo. Sí, podemos, pero no todo es prudente.

Entonces, ¿Como desarrollas un espíritu de contentamiento? Todo descansa, en una palabra: Gracia. Comprendes que todo le pertenece a Dios, que te ha sido dado en administración en esta tierra (incluyendo tus relaciones, dones y recursos). No podemos atribuirnos el éxito, porque las causas de tu éxito provienen de Dios y Él en su infinita gracia te ha permitido ciertos logros. Otros no. Desarrollas un espíritu de contentamiento cuando cada momento es un regalo, y cada mal día es un aprendizaje. Desarrollas contentamiento cuando te preguntas ¿Qué es lo mejor que puedo hacer con lo que tengo ahora?

Tener contentamiento no es acerca de un estado de ánimo, no es estar feliz todo el tiempo. Yo he tenido días malos, incluso, ahora mismo atravieso por un momento complejo, pero, aunque algunos días me invadan de tristeza, se que puedo descansar en que Dios tiene todo bajo control y en la verdad de que siempre hay un motivo para estar agradecidas. No hay otro lugar mejor para estar que éste, justo hoy, aunque no siempre luzca bien. ¿Por qué? Porque incluso en mis días malos, puedo ver la oportunidad que tengo de venir a Dios, llorar en sus brazos y descansar en su gracia. ¿no es acaso eso maravilloso? Tú también puedes hacerlo.

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