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Y JESUS TUVO SED

La muerte de Jesús que se recuerda por estos días (y se olvida también) sigue representando el más grande milagro de amor que hayamos recibido como humanidad.

Sin importar cuál sea tu creencia religiosa, si crees en Dios y su existencia, podemos estar de acuerdo en que, el amor de Dios sobrepasa cualquier compresión humana. Su amor es tan ancho, alto y profundo que nuestra mente simple no puede entenderlo. Seguimos creyendo que necesitamos pagar el precio.

Alguna vez mi hija me hizo una pregunta en medio de su inocencia, ¿Por qué le permitió Dios tanto dolor a su hijo Jesús? Lo único que pude pensar fue; Si hubiese existido otra forma de reivindicar a una humanidad tan perdida de seguro, habría sido diferente, pero en definitiva, ese era el único camino. Alguien tenía que pagar por el pecado que como humanidad cometimos. Aun así, me pregunto si la cruz no debería haber significado la extinción absoluta del pecado, pero recuerdo también que la cruz lo que nos dio fue una oportunidad. La cruz te otorga la oportunidad del bien sobre el mal. La cruz es un territorio sagrado donde el amor y el dolor fluyeron al mismo tiempo. El amor no siempre es cómodo, pero siempre lo entrega todo.

Cuando pienso en el significado de la cruz para nuestra vida, solo puedo comprender que Jesús padeció un terrible sufrimiento para que nosotras no tengamos que padecerlo. De seguro pasaremos momentos duros, pero, sabemos que no tenemos que vivir avergonzadas tras nuestro pecado creyendo que Dios está lejos de nosotras. La muerte de Jesús es tu tiquete de salvación, dignidad y libertad. Jesús se separó de su Padre para que tú y yo podamos hoy estar cerca de Él a pesar del pecado que aún cometemos. Entonces, ¿Por qué sigues creyendo que no eres digna? ¿Por qué sigues encerrada en tu cárcel de dolor y culpa?

Jesús tuvo sed, para que tú y yo jamás tengamos que padecerla. La sed de Jesús demuestra el estado espiritual que sufrió al separarse de Dios. Cuando vivimos nuestra vida por nuestra cuenta, cuando pretendemos saciar nuestra sed afectiva, emocional o espiritual tras las compras, los títulos, el trabajo, los aplausos o el dinero, estamos tratando de alivianar una sed que solo puede ser saciada por Dios. No hay nada que pueda llevarse tu insatisfacción, no hay nada que pueda mejorar tu dolor, no hay nada que pueda sanarte tan profundamente como el amor de Dios.

Si tienes sed, deseo que en estos días santos puedas venir a Jesús, tener un tiempo de oración con Él, entregarle tu vida y aceptarle como tu único y suficiente salvador personal.

Si aún no has tomado este paso y no sabes cómo hacerlo, te invito a que repitas esta corta oración: Amado Dios, reconozco mi necesidad de ti. Tú has prometido que si creo con mi corazón y confieso con mi boca que tú eres el Señor, seré salva. Deseo ser salva de mi pecado contra ti y contra mí misma. Deseo descansar en tus brazos y rendir a ti mi vida. Te acepto como mi único y suficiente salvador personal y entrego en tus manos cada área de mi vida. Por favor ven a mi encuentro. Amén.

Si es la primera vez que haces esta oración, por favor escríbeme un correo a liliana.escalante@mujerinspira.com  y de vuelta te enviaré un corto material para que puedas iniciar tu camino con Jesús.

Deseo que tengas una semana santa de la mano de Jesús.

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